Pelícanos, El Niño y mi viejo: algunas cosas que uno piensa mirando el mar
El 6 de agosto fue feriado. Se conmemoraba la Batalla de Junín, aquella ocurrida el 6 de agosto de 1824, hace ya 202 años, cuando los ejércitos independentistas y realistas se enfrentaron en una batalla particularmente extraña por su brevedad, por el protagonismo de la caballería y porque prácticamente se decidió cuando comenzaba a caer la tarde. Los manuscritos de Juan Basilio Cortegana, testigo de aquella jornada, sitúan el desenlace aproximadamente a las cuatro y media de la tarde. Yo, sin embargo, no estaba pensando mucho en Junín. O no inicialmente. Aproveché el feriado para hacer algo que cada vez considero más necesario: tomarme un pequeño espacio para mí y para mi familia. Visitamos a mi papá y terminé llevándolo a Ancón. Nada particularmente extraordinario. No hubo vuelos, hoteles, grandes itinerarios ni fotografías frente a monumentos. Solo carretera, comida, mar, familia, mi viejo y yo. Pero a veces las cosas aparentemente simples terminan produciendo las preguntas más...