sábado, 1 de agosto de 2026

De vuelta… otra vez (ahora con más preguntas)

Dicen que uno siempre vuelve a los lugares donde fue feliz. No sé si este blog me hizo feliz, pero sí puedo afirmar que muchas veces me permitió ser más sincero conmigo mismo que buena parte de las conversaciones que tuve fuera de él. Así que aquí estoy, regresando otra vez, como quien vuelve a una casa antigua y descubre que todavía conserva la llave, aunque ya no recuerde con exactitud qué cosas dejó guardadas dentro.


Han pasado dieciocho años desde que abrí este espacio. Dieciocho. Casi la mayoría de edad de un lugar que nació sin mayores pretensiones, con un nombre medio extraño, algunas ideas acumuladas, mucho tiempo libre —o una pésima administración del mismo— y la necesidad de decir cosas que probablemente nadie había preguntado. En el camino me fui, regresé, prometí escribir, volví a desaparecer y hasta publiqué una entrada anunciando mi retorno para luego retirarme nuevamente. La constancia nunca fue uno de los requisitos para ser Kenecon. Jajaja.

Sin embargo, el blog siempre estuvo allí. Esperándome. No como esperan las personas, con reclamos, preguntas incómodas o facturas emocionales pendientes, sino con esa indiferencia generosa que tienen los espacios vacíos: uno puede volver a ellos y continuar exactamente donde quiera, aunque quien regrese ya no sea exactamente el mismo.

Porque este blog fue, y probablemente seguirá siendo, mi particular forma de socializar con el entorno. Algunas personas socializan conversando, bailando, visitando amigos o contando sus problemas en una mesa. Yo, muchas veces, socializo pensando demasiado, desarmando acontecimientos, buscando causas donde los demás ya encontraron culpables y escribiendo explicaciones más largas de lo que cualquier conversación prudente permitiría. Es mi manera de relacionarme con un entorno que siempre percibí complejo y, por momentos, esquivo; un mundo que parece sencillo para quienes pueden habitarlo sin analizarlo tanto, pero que para mí casi siempre llega acompañado de preguntas, contradicciones, variables ocultas y uno que otro error de procesamiento.

Desde las primeras entradas hasta hoy pasaron muchos libros, trabajos, aulas, proyectos, responsabilidades, derrotas con nombre propio y pequeñas victorias que casi nadie celebró porque, probablemente, nadie sabía que estaban ocurriendo. También llegaron personas, se fueron otras, algunas permanecieron de formas distintas y varias terminaron convertidas en recuerdos que mi mente insiste en editar cada cierto tiempo. Me convertí en padre, profesional, estudiante recurrente, asesor, servidor público, amigo intermitente y crítico casi permanente de todo aquello que parecía funcionar mal. En ocasiones tuve razón. En otras, fui únicamente un terco con abundante vocabulario.

Los libros tampoco me dieron las respuestas definitivas que esperaba. Hicieron algo más incómodo: modificaron las preguntas.

Leí sobre historia, ciencia, filosofía, política, administración, tecnología, comportamiento humano y ese desordenado territorio al que llamamos conciencia. Algunos libros confirmaron lo que pensaba; otros tuvieron la descortesía de demostrarme que podía estar sinceramente convencido y completamente equivocado al mismo tiempo. Con los años entendí que aprender no consistía en acumular verdades, sino en desarrollar cierta tolerancia para ver cómo se derrumban aquellas que uno había defendido con entusiasmo.

La religión fue quizá el viaje más largo.

Hubo un Kenecon fervorosamente religioso. Uno que rezaba, enseñaba, discutía pasajes bíblicos, participaba de los rituales y encontraba en la fe una explicación, una comunidad y un propósito. No era una religiosidad decorativa ni de domingos; era una forma de comprender el mundo y de comprenderse dentro de él. Aquel muchacho creyó sinceramente, y esa sinceridad merece ser respetada incluso por el hombre que hoy escribe estas líneas.

Luego apareció la duda. No llegó como un rayo que destruye un templo, sino como una pequeña filtración en el techo: primero una pregunta, después otra y finalmente demasiados recipientes intentando contener el agua. El agnosticismo fue durante un tiempo la respuesta más honesta: no sé. No puedo probarlo, pero tampoco puedo negarlo. Y para alguien acostumbrado a buscar certezas, aceptar que no sabía fue una experiencia bastante más difícil de lo que parece.

Más tarde llegó el ateísmo. No necesariamente como una rebelión contra Dios —sería extraño rebelarse contra alguien cuya existencia se cuestiona—, sino como la conclusión provisional de no encontrar razones suficientes para considerarlo una realidad objetiva. Sin embargo, el ateo no consiguió eliminar al catequista, como el agnóstico tampoco logró borrar al creyente. Todos ellos siguen aquí, discutiendo en mi cabeza y usando, además, mis mismos recuerdos como argumentos. Una reunión bastante complicada y sin moderador.

En ese camino encontré en Yuval Noah Harari una forma interesante de ordenar, al menos temporalmente, esa discusión: las realidades objetivas, subjetivas e intersubjetivas.

Una realidad objetiva existe aunque nadie crea en ella. La gravedad no necesita seguidores, una bacteria no desaparece porque se vote en contra de su existencia y el cuerpo seguirá envejeciendo por más entusiasmo juvenil que uno ponga en Facebook.

Una realidad subjetiva existe dentro de cada individuo: el dolor, el miedo, la esperanza, la fe, el amor y todas esas experiencias que pueden ser absolutamente reales para quien las vive, aunque no puedan colocarse sobre una mesa para ser medidas.

Y están las realidades intersubjetivas: aquellas que existen porque muchas personas creen en ellas y actúan como si fueran reales. El dinero, las naciones, las leyes, las instituciones, las empresas, los títulos, las fronteras y, sí, también las religiones. No significa que sean falsas o inútiles. Por el contrario, algunas de ellas tienen más capacidad para organizar, transformar o destruir la vida humana que muchas cosas materiales. Basta que millones crean en una idea para que esa idea construya ciudades, declare guerras, funde universidades, sostenga gobiernos o levante templos.

Desde esa perspectiva, Dios pudo dejar de ser para mí una realidad objetiva sin desaparecer de mi historia. Fue una experiencia subjetiva intensa y continúa formando parte de una realidad intersubjetiva que moldeó mi educación, mis afectos, mis decisiones y buena parte de la persona que llegué a ser. Mi ateísmo no invalidó mi antigua religiosidad. Ambos son capítulos del mismo libro, aunque algunos lectores quisieran arrancar uno de ellos para que la narración resulte más coherente.

Pero ¿desde cuándo Kenecon necesitó ser completamente coherente?

Probablemente soy el resultado de todas esas idas y venidas: del creyente que buscaba señales, del agnóstico que aceptó no saber, del ateo que exige evidencia, del ingeniero que quiere encontrar causas, del servidor público que descubre que la realidad no cabe en una norma, del padre que aprende que no todo puede controlarse y del muchacho que alguna vez abrió un blog porque tenía demasiadas cosas en la cabeza y no sabía muy bien dónde ponerlas.

Por eso regreso.

No para establecer una doctrina, dar lecciones o presentar conclusiones definitivas. Regreso porque aún quedan ideas haciendo ruido; porque existen historias que pudieron ser y no fueron, otras que fueron pero pudieron ser mejores y algunas que quizá nunca ocurrieron, aunque mi memoria insista en que así debieron haber sucedido.

Este será nuevamente un espacio de desfogue mental. A veces intentaré profundizar en aquello que la vida, el trabajo o el tiempo dejaron apenas empezado. Otras veces escribiré para reírme de lo absurdo, reclamar sin levantar la voz o decir en público aquello que normalmente queda atrapado en algún rincón de la mente. Habrá análisis, recuerdos, ciencia, política, religión, familia, tecnología, errores, contradicciones y, seguramente, una buena cantidad de conclusiones provisionales.

No prometo frecuencia porque ya conocemos el valor histórico de mis promesas. Prometo únicamente regresar cuando alguno de mis yo tenga algo que decir y los demás no consigan hacerlo callar.

Bienvenidos, entonces, a mis diversos yo y a estos nuevos episodios.

Nadie escapa al sol y, al parecer, Kenecon tampoco.

Hasta la próxima.

sábado, 16 de septiembre de 2023

De vuelta al presente

Entre la semiconsciente escucha de una clase en Zoom y la melódica voz de una de sus hijas que canta una cumbia consagrada del Grupo 5, la misma que suena en su YouTube, haciendo un esfuerzo por concentrarse más en las letras de la canción que en las palabras del docente, como queriendo vivir a través de la música aquellas historias que se apagaron en un lejano pasado, así pasó la mañana de su cumpleaños.

Muchos años han pasado desde la primera vez que pasó por aquí en la búsqueda de un lugar donde volcar sus pensares, ideas que nadie quiere escuchar, emociones, iras y enojos, corazones rotos, alegrías no expresadas, triunfos solitarios. En suma, todo aquello que lo hacía humano o al menos le hacía sentirse humano. Aquí está, de nuevo, lleno de ganas por contar sus historias. Algunas ciertas, algunas falsas, fábulas confundidas de indiscreción, de locura mentirosa e imprudente. Pero siempre como él hubiera querido que sean, en eso radica su verdad. Porque para él, la verdad no es más que aquello que se quiere recordar, lo que le pintará una sonrisa al recordarla, lo que le regalará una lágrima en el futuro. Esa historia que tendrá la capacidad de irrumpir y reventar a través de todas las corazas que el tiempo le ponga encima, una historia teñida de verdad que traspase su costado y llegue a encender su corazón, haciéndole sentirse vivo. Quizás endulzándolo hasta la risa y la sonrisa con ojos brillantes, emocionado, o tal vez estrujándolo con saña y alevosía, traicionando sus recuerdos y arrojándolos al suelo para volver a recogerlos con un dulce susurro de saber que todo acabó, de que lo que un día fue no será más, de que la vida sigue y que aquí está de nuevo.

Aunque distinto, habiendo superado en una octava la edad de un Cristo, el mismo Cristo en el que cada vez más cree menos y  el que cada vez más sacude su razón. Allí está, buscando fervientemente el sentido de su vida, esa vida que nunca entendió, envuelto en incomprensión, agitado y envuelto en contradicciones lúdicas como las que persigue un demonio encantado en su memoria, cuando agota su mente de madrugadas. Así transcurre la mañana, quizás esperando algo, a alguien, alguna luminosidad del pasado o del futuro irrumpiendo la pesarosa levedad de su ser. Así ve cómo se acerca el final de la clase y con ella la mañana.

Sin saber qué sigue, porque el fin de semana es así para él. La semana siempre fue más fácil porque desde joven se acostumbró a hacer lo que se debe y no lo que se quiere. Pero ya entrado en años, sabiéndose completado en las dimensiones que exigió su sociedad, hoy tiene el fin de semana para él, para los suyos. Pero ahí está, sin saber qué sigue.

... Luego sigue...


viernes, 10 de abril de 2020

COVID-19 - Por su culpa, por tu culpa y por nuestra gran culpa.

Algunas reflexiones, sobre las consecuencias que va dejando el COVID-19, en el contexto de la "culpa": 
  1. Imaginemos que esta tarde, mientras sales de shopping tu esposa y tus hijas, descubres que todas las cosas que hacen, dicen, piensan y desean es tramado y determinado por un grupo de científicos a través de un microchip implantado en la corteza cerebral de cada uno. Ahora, imaginemos que no es un grupo de científicos, sino un cúmulo ordenado de instrucciones registradas en nuestra mente, programada desde tiempos inmemoriales por nuestra biología, familia, entorno, cultura, país, raza, especie. Es básicamente lo mismo: “algoritmos”. Sigamos imaginando, digamos que cometemos un error, ese error es el resultado de programaciones ajenas, entonces la culpa individual no es tal, sino que es el resultado de programaciones e instrucciones no atribuibles a ese individuo.
  2. La culpa, entonces, ¿dónde nació? hay bastante literatura al respecto, brevemente cito a Freud, quien describió esto como el resultado de una pelea entre el ego y el superego. Él rechazaba el rol de Dios como castigador en tiempos de enfermedad o de premiador en tiempos de bonanza. Algo que hoy es común rechazar, al menos por los de mi generación, preferimos pensar que un evento catastrófico es el resultado o la consecución de actos generados por nosotros mismos o de otros, antes que pensar que es un castigo divino de algún dios omnipresente que lo ve y juzga todo. 
  3. Sin embargo, aunque no creemos más en Dios como el eje de la vida humana y del universo, hemos cambiado y puesto cómodamente al hombre como centro de todo (del universo inclusive): Humanismo, le llaman. Claro está, en que, al no haber más Dios, entonces la culpa y sus hechizos también deben cambiar de concepción. Citando a Harari, quien manifiesta que llegó un punto en la historia en el que el hombre asume que su existencia no tiene sentido: “estamos aquí por una sucesión de accidentes bioquímicos en un universo ciego”. Siendo necesario una concepción que nos diera sentido, apareció el “humanismo”, el desarrollo tecnológico y la ciencia como guía para entender el universo material e inmaterial. Sin embargo, “a medida que los científicos abrían la caja negra de los sapiens, fueron descubriendo que allí no había alma, ni libre albedrío, ni “yo”… sino solo genes, hormonas y neuronas que obedecen las mismas leyes físicas y químicas que rigen el resto de la realidad”. Llegando a concluir entonces que: la culpa no es de nadie, sino de los algoritmos programados (en genes, neurona y hormonas sometidas a ciertas combinaciones internas y externas).
Aunque la culpa es un concepto limitado, servirá, en esta ocasión, para hacer una reflexión sobre las consecuencias significativas que viene generando el COVID-19 en nuestros países y hacer un diagnóstico causal. A propósito de los que “solo” quieren hoy echarle la culpa al gobierno, vamos a eso: 
  1. La culpa es de todos, pero no de los que salen hoy a buscársela quebrantando el aislamiento social obligatorio, porque como escuchaba a un vendedor ambulante ayer en las noticias, que decía: "si me voy a morir, yo quiero que esta noche mis hijos tengan un pan en la boca(…)".
  2. La culpa es de todos, de nuestros abuelos, padres y de nosotros, que votamos durante décadas sin considerar y elegir buenos políticos, culpa de los partidos políticos que ponen delincuentes y mercaderes en lugar de técnicos y servidores con vocación. 
  3. Culpa de todos por no salir a marchar, reclamar y derrocar gobiernos que durante décadas le quitaron el presupuesto a SALUD y EDUCACIÓN en nombre de la tan mentada PRODUCTIVIDAD. Porque como puede ser posible que TUMBES, por ejemplo, tenga solo cuatro ventiladores para toda la región. Como podemos tolerar que los hospitales sin COVID-19 ya se encuentren saturados y al borde del colapso, todo porque algunos gozan de seguro privado, mientras otros mueren dando a luz en un mototaxi. 
  4. Culpa de todos, sí, de ellos, tuya y mía. Hoy en Perú el COVID-19 mata a más gente que en Chile y no es casualidad, existen diferencias entre la fecha de llegada al país, además de geografía, cultura y población, pero el fondo de todo es la gente. Ellos reclamaron más, se indignaron más, tienen menos brecha. 
  5. Vizcarra y sus ministros tienen buenas intenciones, pero sus cuadros técnicos no son de los mejores, recogiendo de aquí y de allá lo que queda de gestiones anteriores; sumando a esto el error de recoger mercaderes, aquellos trasnochados que se quieren aprovechar de las circunstancias, como en la guerra con España y Chile, aquellos que solo buscan ganancias en ríos revueltos, río de muertos, sangre y corrupción; la historia del Perú es un círculo vicioso de desventuras. 
  6. No vamos a poder resolver en lo que queda de este gobierno, lo que nuestra sociedad generó, los gobiernos anteriores con su negligencia y su desdichada acción de llenarse los bolsillos con "recursos y ejecución en salud y educación". Pero ojo, el pueblo también es culpable, porque con nuestra anuencia dejamos que pasara y dejamos que siga ocurriendo. Fuimos cómplices de eso, nos acomodamos como siempre, porque a nosotros no nos faltó un pan, una cama, un colegio. 
Ojalá que cuando el país salga de esto, los que queden, exijan, derroquen y entiendan que no es bueno darle la espalda a la política, que hay que estar atentos a lo que hace el gobierno de turno con los recursos, porque cuando hay pandemia, dependeremos temporalmente del gobierno, de sus medidas, de sus cuadros técnicos, del pacto social y si lo que queda es ruina, entonces ruina tendremos. 

Es tiempo de aprender del error, pero para aprender hay que aceptarlo primero, ponerlo sobre la mesa, adelante y a la luz, examinarlo y aprender de él. El error es hoy más que nunca el activo de información que nos sacará de este problema, eso tienen que entenderlo muchos funcionarios públicos que hoy siguen pretendiendo ocultar sus errores como si hubiera tiempo y tolerancia para eso. 

Ocultar el error, en tiempo de guerra, la falta de idoneidad para un puesto, una mala compra o un error de proceso es crítico, el trabajo remoto y teletrabajo es una realidad hoy, tienen que entenderlo y adaptarse, hay que aprender a dar pasos al costado y dejar a los que más competencias y capacidades tienen para esto. 

El humanismo está en una etapa crítica, volviéndose insostenible, todo parece indicar que el nuevo camino es el datismo, según Harari: “las dos opciones más importantes son entre vigilancia totalitaria vs empoderamiento de los ciudadanos y entre aislamiento nacionalista o solidaridad global”. Costará entender que la libertad, como la conocemos, en estos tiempos ya no es la mejor opción. 

Mientras tanto, los que podamos, quedémonos en casa y practiquemos la solidaridad, sabemos quién no tendrá para comer: colabora, dona, distribuye. 

Cordialmente, 

Kenecon

miércoles, 31 de octubre de 2012

El Limazo II - Un enfoque causal.

Comentábamos los últimos sucesos de "La Parada" que de seguro quedará en la memoria de más de un policía, comerciante y cuanto transeúnte que "pasaba por ahí".

Culpar a la alcaldesa por "todo" lo que un grupo consolidado por delincuentes, comerciantes, contratados y saboteadores hizo me parece una limitada visión de la realidad.

Queda claro que muchos no somos conscientes aún de la multiculturalidad inconversable que habitó desde siempre en nuestra querida ciudad. Lima nunca fue una ciudad armónica, sino un conglomerado de sectores divorciados uno del otro, que con el crecimiento demográfico se vio forzado a tener que convivir, sin nunca estar de acuerdo.

Una ciudad que heredó un criollismo  a manera de pasivo, hoy sucumbe ante el descontrol, desdén e indiferencia de sus propios pobladores, de todos. 

La trilogía catastrófica de una alcaldía oxidada, una sociedad deforme y un servicio de inteligencia carente de metodologías deja hoy 2 muertos, cientos de heridos y muchos empresarios afectados con perdidas en miles de dolares.

No es la primera vez que el descontrol impera en Lima de una forma tan aberrante, quería citar en esta entrada los hechos del "Limazo de 1975", esperemos lo de nuestros días no termine como los de aquel febrero. 

Ya va siendo el momento de que cada actor de nuestra sociedad, tome acción sobre el papel y la responsabilidad que le toca. 

No echemos la culpa de un acto a aquellos que no contuvieron el mismo, el acto es responsabilidad del que lo realiza. 

A largo plazo, es más útil enfocarse en la causa real de los efectos generados.

domingo, 27 de febrero de 2011

Días sin sosiego a 24!

Me pregunto:
¿Por qué nunca podré tener un día tranquilo en su totalidad, sin contratiempos, sin desmanes  y acarreos las 24 horas??
Por allí más de uno dirá: -pero todos tenemos días así.
Pero, los que me conocen, saben a lo que me refiero. :)

Me respondo:
Seguramente no sería un día acostumbrado, quizás no sería un día hermoso, quizás no viviría intensamente esas 24 horas, tal vez he nacido para tener días sin sosiego a 24 porque me aburriría, tal vez eso completa mi felicidad, como la extrema feliz mañana de hoy :D

Conclusiones:

  • Lo que no nos mata, nos hace más fuertes. Y los que nos hizo más fuertes, nos costo poco al analizarlo luego.
  • El precio de un error es exageradamente menor que la experiencia ganada a partir del mismo.
  • Los fantasmas del pasado, al igual que todos los fantasmas en la vida; solo estan en nuestras mentes, tenemos la capacidad de ordenarles el suicidio, asesinarlos o simplemente hacer de cuenta que no existen.
  • El objetivo de la vida es uno solo: SER FELIZ. No hay ningún otro, el que diga lo contrario está sinceramente equivocado.
  • Vivir intensamente es la unica manera coherente de lograr el objetivo de la vida misma.
  • Cada acto equivocado o error, conlleva dos reacciones: Culpa y Pena. La Culpa, es esa sensación interna y autonómica por lo tanto debe ser manejada de forma personal y superada con la determinación de nuestra personalidad, razón y corazón. La Pena, es la sanción que el o los afectados aplican sobre nosotros por haber cometido dicho acto equivocado, de tal modo que la única forma de repararlo no es mediante las disculpas, sino siendo mejor ser humano la próxima oportunidad similar que tengas y hacer cuanto de cada uno dependa para resarcir el daño y al dañado.

jueves, 27 de enero de 2011

A-RRI-BA -- PE-RÚ!!!!!!!! Jajajajaja. Hay que decirlo sabiendo porqué!!!


Como dicen que sólo somos primeros en Ajedrez con los hermanitos Cori y el otro chibolo con un edipo mal resuelto que se levanto a una brasilera!!! y que ya paso la época del guano y el salitre como la del caucho, mas tarde los espárragos y la plata y ni que decir de la hoja de coca que en eso somos los reyes de la pista, pero de las pistas de aterrizaje de todos los aeropuertos clandestinos que están regados por toda nuestra selva.


Lo cierto es que el Perú es el país del Criollismo Justificado, de la comodidad suprema, la barriga abultada y del "pasa nomas pero déjame alguito, hermano lindo"; somos hijos de los mismos mestizos que en su momento no quisieron ser libertados ni por Jose de San Martín ni Bolivar ni por cualquier otro enagenado latinoamericano capturado por la idea Francesa de la época, porque se sabían cómodos en una sociedad que todo les daba; claro pues y como no iban a estar comodos nuestros ancestros, si era fácil ser el centro de acopio de los tributos y dádivas que iban a la corona española por aquel entonces: "Libertad? para que si así estamos bien!" decían los limeñitos y peruanitos cercanos a la capital de aquella época. Hasta que terminó la mamadera y bluf! ahí si a correr se ha dicho.

¿Quien escribe? Yo ps, Kenneth (Kenecon) peruano de nacimiento y limeño mazamorrero. Seguramente, màs de un falso nacionalista hipocritón podrá decir, o quizás no: "como hablas así de tu país!!! oe modera tu lenguaje y respeta tu cultura" y verborreas por el estilo, a lo cual yo respondo "pero quien te va a dar bolaaa!!!".

jueves, 30 de diciembre de 2010

Al P. Pedrito Alva en sus 59 años de labor.


Un homenaje a un personaje presente en la vida de muchos amigos, conocidos y desconocidos que por nuestra parroquia pasaron, Pedro Alva es sin duda en Divino Maestro un referente, para los que -como yo- con él conversaron, siempre tuvo una buena anécdota o un consejo certero y agradable que nos ayudó a caminar; recuerdo las historias de cadetes, de su pueblo, de su madre y su familia que con un dulzor inigualable relataba y aunque muchas veces repetidos siempre me dejaron un diferente mensaje escondido.

Hoy no fue la excepción, el año se despide de mi, regalándome muchos momentos felices quizás pagados "todititos de a montón a fin de año" como decía el chavo... tal vez con la intención de equilibrar lo que éste sin duda fue un año muy complicado.

Regresaba de una más que bonita tarde amical y digamos que hasta allí el día había cumplido su fin alegre, cuando pasé por mi parroquia, camino que ya no tomaba, personas que hace mucho no veía, 7 años atrás la dejé al igual que muchos amigos que entre sueños de conquista y cambio queríamos comernos el mundo; hoy con algunas glorias y derrotas regresaba sin ningún afán directo. Al ver sus puertas abiertas alas 7 pm y próximo a terminarse el año me dije ¿por qué no?