
Un homenaje a un personaje presente en la vida de muchos amigos, conocidos y desconocidos que por nuestra parroquia pasaron, Pedro Alva es sin duda en Divino Maestro un referente, para los que -como yo- con él conversaron, siempre tuvo una buena anécdota o un consejo certero y agradable que nos ayudó a caminar; recuerdo las historias de cadetes, de su pueblo, de su madre y su familia que con un dulzor inigualable relataba y aunque muchas veces repetidos siempre me dejaron un diferente mensaje escondido.
Hoy no fue la excepción, el año se despide de mi, regalándome muchos momentos felices quizás pagados "todititos de a montón a fin de año" como decía el chavo... tal vez con la intención de equilibrar lo que éste sin duda fue un año muy complicado.
Regresaba de una más que bonita tarde amical y digamos que hasta allí el día había cumplido su fin alegre, cuando pasé por mi parroquia, camino que ya no tomaba, personas que hace mucho no veía, 7 años atrás la dejé al igual que muchos amigos que entre sueños de conquista y cambio queríamos comernos el mundo; hoy con algunas glorias y derrotas regresaba sin ningún afán directo. Al ver sus puertas abiertas alas 7 pm y próximo a terminarse el año me dije ¿por qué no?
Me acerqué y los rostros familiares me saludaban con alegría y me invitaban a entrar anunciándome la gran noticia "Hoy el padre Pedro cumple 59 años de sacerdocio" y miren como es el destino que a mi parecer no existe, pero que se esmera en decirme "aquí estoy!!!"... Minutos más tarde daba comienzo el ritual que a muchos molesta y que a muchos más enamora, la misa fue un recordar personal y claro tuvo de centro al viejo barbón con quien muchas veces -no pocas- discuto sobre su existencia real.
Terminado el ritual venia la celebración, una cena peculiar, me acerque a saludarlo como el hijo prodigo e ingrato que he sido, esperando me recuerde entre tanto joven que como yo paso por su don de aconsejar; grata fue mi alegría cuando mi nombre escuche mencionar del padre Pedro, y mucho mas grata la sonrisa que en su rostro vi florecer y decirme "que gusto verte por aquí siempre fuiste un buen muchacho" un gran abrazo sincero recupero los años perdidos y como el personaje de la parábola me sentí, no había carneros que matar ni tampoco anillo que poner, pero si una cena por compartir.
Palabras de algunos entonaban agradeciendo su labor, pues sin duda para el que católico se siente, habernos dado la eucaristía durante tanto tiempo merece más que premios. Tuve la grata suerte de sentarme a su costado y cruzar palabras y anécdotas como era su costumbre.
Iluminado como el solo, me contó sobre Mariano Melgar (motivo de otra entrada) y recitó con gran lucidez un poema que a pelo cayó para mis ultimas vivencias:
La cristalina corriente
de este caudaloso río,
lleva ya del llanto mío
más aguas que de su fuente.
Llega al mar, y es evidente
que el mar, con ser tan salado,
lo recibe alborozado
y aún rechazarlo procura,
por no probar la amargura
que mis lagrimas le han dado.
No con tristeza entonados, estos versos junto al resto del relato que de su boca escuché, me dieron una alegría infinita de saber que lo que acontecía en mi vida sera siempre parte de mi historia personal y abierto a un nuevo futuro espero contento el año nuevo. Gracias padre Pedro.
¿Qué sabía el de mi pasado? ¿qué fue lo que le motivó a escoger dentro de tanta experiencia aquellas frases que sonaban como un consejo sincronizado que llegó sin premisas ni preguntas? Cierto es que hoy disfruto mis decisiones. Nuevos sueños nacen en el horizonte, los veo llegar a lo lejos y vienen en una lancha a motor como quien apurado anhela encontrarme listo. Nunca lo sabré, como no sabré a ciencia cierta si el barbón existe, pero hoy me gano la batalla pues apareció para decirme "acá estoy chibolo, no seas terco!".
Muchas cosas que decir, esta noche dormiré con paz, me peleo con el sueño para que me deje terminar.
Finalmente, porque tanta alegría no podía venir sola, entre tanto asistente a la cena, vi a un muchacho de rostro familiar, pero mi memoria es frágil para recordar, la ayuda de un gran primo y una señorita que por allí pasaba me refrescó la mente y derrepente tuve en frente a quien fuera hace 8 años un alumno mío de la primera comunión, el me recordó y yo ya refrescado me llene de alegría de saber que el esfuerzo no fue vano, hoy con casi 18 años aún participa de la que fuera mi parroquia ahora como acólito, cruzamos palabras y como él dijo "verte me ha hecho recordar esas épocas" mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro; aquellas épocas de catequista no las olvidaré, como no olvidaré las enseñanzas que en mi parroquia recibí, y no hablo sólo de mandamientos y pasajes bíblicos que solía devorar, sino de toda esa mística que en ella aprecié de cada uno: amigos, rivales y no tan amigos a los que hoy les agradezco pues han contribuido a que yo sea la persona que soy.
La vida es una aventura sin costo que hay que saber valorar, mirarla con ojos de asombro de saber que no es más que realidad, aunque los errores abunden, más sobreabundará la gracia de la corrección y el aprendizaje y las ganas de un nuevo empezar; siempre recordemos con alegría los eventos que en la vida ocurrieron como el padre Pedro lo hace, pues como una vez escuché: al final del camino lo único que siempre queda es lo bueno, porque de aquello todo ha nacido para saberse eterno.
Ojala un cercano día todos aquellos que partimos por diversos motivos regresemos a nuestra querida parroquia para volcar todas esas experiencias de vida sobre las nuevas generaciones que de seguro lo necesitan. En nombre de todas esas generaciones que por usted pasaron, ¡gracias por todos estos años padre Pedrito!
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